Nélida Piñon
 
 
 
 
 
início panorama resenhas   regresar imprimir
resumos



Nélida Piñon, José Manuel Lucía Megías
20.06.2006
"Diario de Alcalá", Alcalá de Henares, Espanha
 

Nélida Piñón parece haberse escapado de una de sus últimas novelas. Se retira con cuidado el pelo de la cara, se pone con devoción femenina sus gafas y sonríe. Y sonríe. Y Sonríe. Tiene una sonrisa abierta, llena de vida, como cualquiera de los personajes de sus novelas. Una sonrisa directa, una mirada directa, unas manos que directamente dirigen nuestra atención a su boca, que se multiplica en nuevas sonrisas, que nos lleva a su mirada y así en un interminable encantamiento que se parece demasiado a las noches dubitativas de Sherezade ante el califa.

Hay algo mágico en Nélida Piñón. La magia de las palabras y de la narración. En su boca el español suena con una calidez que nos devuelve más de cuatrocientos años de historia; las eses emborrachan sus palabras y las convierten en un cóctel dulce que hay que mezclar con el tequila reposado de don Julio. Y en su boca, la mezcla de español y de portugués en la coctelera musical de Brasil, se convierte en una serpiente alada que termina por dedicarnos un mordisco de placer. Nélida Piñón está hecha para el erotismo y en el erotismo su verbo se hace carne. Pero un erotismo de palabras que nos abre las puertas del universo inabarcable de la imaginación. Y vuelan sus manos ante nuestros ojos –inofensivos ojos que no merecen el lujo de este espectáculo- y Nélida Piñón, como una Sherezade del siglo XXI, inventa un mundo de recuerdos gallegos y de personajes que saben que tienen que estar en la vida, que hay una aventura que sólo lleva nuestro nombre y apellidos, aventura sólo a nosotros reservada, y que parte de sus labios para hacerse realidad ante nuestros ojos. Hablar con Nélida Piñón es hablar con un libro abierto, con el misterio de no saber que habrá detrás de una nueva conversación, detrás de una nueva página de su particular libro oral. ¿Cuál es la aventura destinada para Nélida Piñón, parece que se pregunta, que nos pregunta cuando termina el malabarismo de su narración, de ese cuento que termina siempre de hablar de contar?

Hay algo de Sancho Panza en Nélida Piñón, y algo también de Don Quijote, pues ambos personajes, ambas personas sólo pueden vivir si van de la mano, si se mezclan en el musical verbo del arte de lectores y de escritores como Nélida Piñón. Así nos lo contó. Así nos lo hizo vivir en la cervantina ciudad de Guanajuato, cuando los dos personajes parecían que querían salir de su boca para cabalgar con las calles, por sus callejones y sus esquinas, y dejarse empapar de las voces que llegan lejanas en los “Entremeses cervantinos”, ya que son las mismas voces de los habitantes de Guanajuato los que se escuchan en la plaza: parece que se trata de Sevilla, parece que estamos ante una casa andaluza, pero no: don Quijote y Sancho vuelven a lomos de Rocinante y de su asno para seguir haciendo compañía a Nélida Piñón que se había quedado muy triste, como todos nosotros, cuando los vimos salir a los campos de Guanajuato una calurosa mañana de primavera, que debía ser por el final de mayo.

Nélida Pión parece que desaparece también las últimas huellas de su relato: ella sabe, como Sherezade, que siempre es necesario dejar algo para la noche siguiente. Que todo relato, para ser realmente genial, ha de callar más de lo que dice.

 
 
início panorama resenas   subir regresar imprimir
 
 
www.nelidapinon.com.br
 
 

© Piñon Produçoes, 2006