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resumos
La fantástica forma de la escritura
24.05.2006
Fuente: http://esp.mexico.com/lapalabra |
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por: Javier García Parada
Conocí a Nélida Piñón un sábado de fines de noviembre, hace casi ya cinco años. En Guadalajara recién habíamos contado con la visita de Chomsky y de Alain Sicard; aquél año fue grandioso por recibir en las aulas de la Universidad de Guadalajara, a tres grandes en el ámbito respectivo de la palabra. Chomsky al mismo tiempo estuvo evidenciando todas las estructuras y modelos globales, que nos cierran las puertas y nos comen poquito a poco; Alain Sicard, además de haber sido un gran amigo de Cortázar, es un excelente crítico y conocedor de su obra; por lo que sus charlas resultaron de lo más interesante. Pero decir Nélida Piñón implica mucho más. Quiere decir la voz maestra de la lengua portuguesa. La luz poética del Brasil. La semilla de la poética de la invención.
Tengo la fecha muy guardada, porque aquél encuentro con Nélida significó un cambio de rumbo imperioso. Hasta entonces poco era el interés por lo que se hacía en Brasil, aún con toda la gama de trabajos poéticos de Drumond de Andrade, o la música de Gilberto; por mencionar sólo dos manifestaciones tan conocidas. Después claro está vino el Premio Juan Rulfo a Dom Rubem Fonseca en el 2003, recibido ya en 1995 por Nélida. Fuera de ellos a duras penas conocíamos toda la gran avanzada litreraria fuera del español latinoamericano, pero dentro del contexto geográfico.
Adolfo Castañón fue el encargado de presentarnos a Nélida y ella tomó la palabra y habló y habló; hasta que sonaron los aplausos de todos y me di cuenta que todos guardábamos una gran sonrisa y me pensé si aquello no era un mero espectáculo de la ilusión, como llamó Nélida al procedimiento literario no apartado de la realidad. Estuvimos durante una semana tratando de dilucidar junto a ella, todos aquellos procedimientos que hacen posible la literatura, y su forma personal de hacer literatura.
Nacida en Río de Janeiro, Nélida se convirtió en la primera mujer en presidir la Academia Brasileña de Letras, en el año de su centenario. También es socia-correspondiente de la Academia de las Ciencias de Lisboa y titular de una Cátedra, ocupada anteriormente por Isaac Bashevis Singer. Ha recibido múltiples reconocimientos, condecoraciones y doctorados; destaca el otorgado por la Universidad de Santiago de Compostela en 1998, por ser la primera mujer en recibir el Doctorado Honoris Causa, de esta casa de estudios de España, en 503 años.
Su obra, al menos la más abundante podemos ubicarla en el plano de lo narrativo; aunque sea sobre todo una prosa poética, o una poesía relatada. Escritora que domina una gran variedad de registros y que se caracteriza por el rigor estético en su narrativa. El cúmulo de su poética representa un verdadero diálogo intercultural, donde conviven las diversas tradiciones de la cultura iberoamericana. Hay elementos amorosos, cotidianos, cartográficos, culturales y sociales, que conforman un trabajo por demás afable. Su palabra es una palabra que inventa y construye. Su palabra trasciende los límites del lenguaje y se instaura en una nueva forma de decir lo que se quiere.
En cuanto al carácter estructural de su obra, podemos notar una novela al estilo del prodigioso barroco, una parodia o una épica contemporánea. Su infancia nos lleva, como señalaba Castañón, a traer aquellos recuerdos de una Nélida pequeña en Galicia, cuna de sus abuelos; pero cuna también de toda la larga tradición céltica. La forma de la leyenda se vuelve una construcción intrahistórica, pero a su vez transhistórica; porque nos lleva y trae por la reflexión histórica, todo a partir de una trama armoniosa y un lenguaje bastante sensible a la escritura.
Hace casi diez años que Nélida opinaba en una entrevista, si mal no recuerdo, para La Jornada, que no era una escritora comercial, que por eso no era tan conocida y que su trabajo no crecía tanto en el ámbito juvenil. Pero aquéllas palabras pueden ponerse entredichas hoy, ya que la obra de Nélida ha trascendido las fronteras y se ubica hoy en día como representante de la literatura brasileña y de la cultura lusitana en general. Hacer esta aseveración no quiere decir dejar inadvertido el trabajo de los grandes narradores y poetas, dramaturgos y ensayistas de la lengua portuguesa; sólo que la obra de Nélida trasciende, en cuanto ésta es constante y estéticamente bien fundamentada en una búsqueda incesante por la belleza.
El problema en su obra, como en el resto de sus hermanos en Brasil, es la lengua; el resto de América no se ha interesado en aprender su lengua, aunque sí algunas costumbres. Brasil se ha visto sometido por años al segundo plano, cuando territorialmente debe ser situado al frente de un gran proyecto latinoamericano. Basten recordar todos los grandes movimientos que han trascendido las fronteras latinoamericanas. Si bien hoy en día podemos tener un poco mayor de conocimiento de su lengua, un encuentro más cercano con su pueblo; no es de extrañarse la falta de interés de muchas personas e instituciones.
La obra de Nélida se salva gracias a la múltiple mirada y vasta correspondencia con una realidad creada visible o invisiblemente. Por los trazos de una imagen autogestiva, su obra constituye una estructura semejante, pues está un contexto, un referente cercano de esto que nos gusta nombrar como realidad. La memoria es importante, por eso su trabajo es memoria fecunda, que antecede, que construye, que lleva, que realiza. Ficción realista, épico mitológico, teatral o espectacular, paisajista; reconstruye en los diversos momentos de su quehacer literario, la larga marcha del arte.
Su poética de la densidad, como gusta llamarle, configura un mundo dominado por el lenguaje. Todo está en ello. Debido al lenguaje que estructura en sus obras, es como ha trascendido Nélida y su escritura. Lo cercano, el drama impulsa su obra narrativa. El lenguaje en todo su ser, se construye a partir de una forma de ver el mundo, una visión del cómo son las cosas, una puerta que sirve para entrar a otros mundos. El portugués es así, una lengua que nos deja siempre algo, como pegado al corazón; como un gajo que fue arrancado y llevado por dioses al fondo de la mar. Entre naves de sirenas y cocuyos y neblina.
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