La escritora brasileña Nélida Piñon, Premio Príncipe de Asturias de las Letras 2005, reivindicó en España sus raíces gallegas al definir ese lauro como un homenaje a sus ancestros. En entrevista, Piñon se entusiasma al recordar sus años infantiles en Galicia, donde conoció la dulzura del gallego y la gaita, con la que ahora teme emocionarse demasiado.
(Mujereshoy) Piñon aprovecha su visita a España, donde recibirá el viernes su premio Príncipe de Asturias, para presentar su volumen más reciente, Voces del desierto, un tributo a la oralidad, una especie de relectura de Las mil y una noches. Quería hacer –explicó– una novela sobre el arte de fabular y la imaginación como ejercicio del ingenio humano. Este último –resumió– es el verdadero protagonista de Voces del desierto.
Integrante de la Academia de la Lengua de Brasil, Piñon es considerada una de las voces más altas de la literatura femenina en portugués y entre sus virtudes cita su placer de observar a los demás y su afán de asimilar muchas formas humanas.
Soy polisémica y camaleónica, afirma. Si Flaubert tuvo la presunción de decir que madame Bovary era él, yo también puedo ser de todo: niño, hombre, vegetal o animal.
Partidaria de que el portugués y el español sean un patrimonio común de los pueblos hispanoparlantes, Piñón se declara encantada del auge que el castellano está adquiriendo en su país.
Usted es brasileña con antepasados gallegos ¿qué sensación experimenta en Asturias?
Nélida Piñon: Ustedes tienen un paisaje extraordinario que yo conocía ya. Cuando bajé del avión, me he emocionado por estar aquí, donde me ofrecieron un premio con tanto cariño. También porque sabía que estaba cerca de Galicia y por ese verde que habla tanto a mi corazón.
Su literatura bebe de dos culturas, ¿qué diferencia ve entre ambas?
Nélida Piñon: Soy una mujer que, por formación, por vivencias y por mi adherencia soy capaz de escribir sobre lo que sea sin miedo, pero el hecho de haber estado aquí, de haber vivido una temporada en Galicia, de haberme imbuido del mundo ibérico me sirve para hacer permanentes fusiones de todo eso. Pero además soy muy mediterránea, soy atlántica. No me gusta hacer distinciones, sino incorporar todo lo que he aprendido. Mi literatura parte de relieves muy nítidos, es minimalista, no en el sentido estético, todo lo contrario, tengo la sensación de que estoy visitando muchas culturas, mi literatura exalta lo nuevo y todo lo que lo precedió. Somos hijos de la gran aventura humana.
Se ha dicho que su última novela, Voces del desierto, es un alegato contra el poder patriarcal.
Nélida Piñon: Además de eso, habla de las culturas institucionalizadas que desprecian el mundo de la oralidad, de la gran cultura popular. La oralidad tiene un instinto narrativo extraordinario. Es una obra contra la tiranía que encarna el Califa. Uno de los aspectos de la novela tiene esa lectura, pero también desvela como Scherezade se impone con su talento, con su imaginación. Es una confrontación entre la inteligencia y el arte de tejer contra la tiranía del otro.
La semana pasada participó en la Cumbre Iberoamericana de Salamanca, ¿cree que los acuerdos serán esta vez algo más que buenas palabras?
Nélida Piñon: No sé cuáles han sido los acuerdos, pero siempre pienso que los mejores son secretos. Se habló de cambiar deuda por educación, pero primero hay que ver cómo se lleva a cabo y si hay capacidad para cubrir esos gastos. Hemos vivido tiempos en los que los sueños siempre han fracasado.
Víctor García de la Concha habló de un futuro común para las lenguas lusa y castellana.
Nélida Piñon: El director de la Real Academia de la Lengua me parece un hombre muy dinámico que ha hecho mucho por el castellano. La unión de ambos idiomas es quizá la vocación del mundo ibérico; me parecería perfecto que se pudieran hablar los dos idiomas como si fuéramos bilingües, pero eso tardará mucho. Hay una preocupación en el sentido de que podamos hablar castellano, pero quiero enfatizar en la necesidad de hablar portugués.
En la cumbre de Salamanca también se habló de emigración, ¿tiene solución este problema?
Nélida Piñon: La cuestión fundamental es la miseria de los países que fueron explotados y a los que no se permitió ser contemporáneos de ellos mismos. Ahora nos encontramos con un problema de solución difícil, ¿quién no sueña con Eldorado? Hace falta conceder dignidad al hombre para que pueda vivir de una manera digna en su tierra. Europa está cercada por la tragedia. Antiguamente la emigración se volcaba hacia América, que absorbió toda la miseria de Europa. Ustedes tuvieron prosperidad con el dinero de América, con lo que enviaba el flujo de hombres y mujeres allí acogidos.
¿Ahora Europa no responde de la misma manera?
Nélida Piñon: Uno siente que Europa no está interesada en América, ni mucho menos en África. África es un continente condenado, tuvo luchas tribales, corrupción desenfrenada, pero a la sociedad occidental no parece inquietarle.
En alguna ocasión ha dicho que lee los periódicos como si cazara mariposas en el bosque.
Nélida Piñon: (Risas) Soy una enamorada de los periódicos. Leo cinco o seis al día. Me encanta el periódico. Cuando digo cazar mariposas, digo buscar noticias que puedan ampliar mis horizontes, que me hagan pensar, conmoverme, que apuren mi conciencia con cosas como las que suceden en África. En ocasiones me hacen ejercer una crítica severa a los gobiernos.
Ha acusado a la clase política de institucionalizar la incultura en América Latina.
Nélida Piñon: No se estableció la educación como una prioridad. Es irónico porque el mundo ibérico tuvo grandes teóricos que programaron una educación extraordinaria para nuestros países, fueron propuestas modernas que establecían la soberanía individual. Tuvimos grandes nombres que pensaron la educación de América, pero el fracaso no ha sido de ellos, sino de los gobiernos poco interesados en llevar la cultura al pueblo. La educación es absolutamente prioritaria en cualquier sociedad.
¿La literatura brasileña es la gran olvidada?
Nélida Piñon: En relación a América Latina, sí. El primer gran escritor de Iberoamérica es el brasileño Machado de Assis, que a pesar de su grandeza es muy poco conocido. Es comparable a los mejores de Europa, sin embargo pocos españoles cultos lo conocen. Los brasileños vivimos muy aislados y muy olvidados. Padecemos una gran soledad y eso es triste, porque la literatura tiene como destino el lector internacional.
¿Con el premio de las Letras, usted abre una puerta a la literatura de su país?
Nélida Piñon: Mi cara es la cara de una brasileña, pero todavía somo pocos los conocidos en el exterior. Es injusto lo que ocurre con Machado de Assis.
De Brasil lo que más se conoce es, además del fútbol, la música.
Nélida Piñon: Tenemos una música muy rica. Me gusta especialmente la popular. Tenemos grandes músicos, cantantes, compositores que han logrado una presencia fuera y han influido en otros países.
¿Siendo hija y nieta de gallegos, nunca se sintió tentada a escribir en castellano?
Nélida Piñon: Hubo un momento en que pensé que podría perfeccionar el español y escribir en esa lengua, pero no pude. Fue una cuestión moral que no me permitió explotar una facilidad que tenía porque me hacía sentir como si hubiera traicionado a mi país. Amo a España, pero no podría hacer esto con mi idioma sólo para ganar aplausos. Fue una cuestión ética, soy una mujer de inquietudes morales.
¿Qué recuerdos tiene de sus abuelos gallegos?
Nélida Piñon: Hay cosas que marcaron mi existencia desde pequeñita. Me di cuenta muy pronto de que era distinta de todo el mundo por mis inquietudes y mi imaginación. Me impresionaban cosas como comer pulpo en Navidad; no entendía cómo ese animal podía tener ocho patas. El mundo gallego estaba siempre presente. Después me he dado cuenta de que mi abuela tenía unos suspiros distintos, que no eran los suspiros brasileños. Era una mujer elegante que iba todos los días a la iglesia y mi abuelo era un anticlerical fanático que se ponía nervioso cuando ella no iba a la iglesia porque sabía que eso significaba que no estaba bien.
Usted vivió de niña en Galicia.
Nélida Piñon: Me trajeron a los 10 años y estuve casi dos. Ha sido para mí el período más mítico, feliz y profundo de mi vida. Esa estancia marca un antes y un después. Yo ya quería ser escritora, pero darme cuenta de que había mitos distintos a los míos, comidas, culturas y maneras de proceder distintas estimuló mi imaginación. Yo danzaba con la gaita, ese instrumento que no quiero oír porque voy a emocionarme demasiado. Viví con gran intensidad todo eso; el mismo idioma que me parecía antiguo, anacrónico, hasta que descubrí su dulzura y lirismo. Pienso que mucho del material que aplico en La República de los sueños nace de aquel momento de mi vida. La lírica gallega fue para mí una revelación.
|