Por Claudia Posadas
Las novelas de Nélida Piñon (Rio de Janeiro, 1937) son una exploración de la realidad de su continente, de su país y de lo más profundamente humano, a la vez que están escritas a partir de una indagación cuidadosa y siempre dinámica del lenguaje, por lo que ha sido considerada por la crítica de su país como la gran heredera de la tradición literaria de Brasil, pero también como una de sus renovadoras. Primera mujer en presidir la Academia Brasileña de Letras, fue Premio de Literatura Latinoamericana y del Caribe Juan Rulfo en 1995. Sus obras más conocidas en México son la monumental La república de los sueños (1984, Premio Pen Club y de la Asociación de Críticos de Arte de Brasil) y Dulce canción de Caetana (1987, Premio Ube a la mejor novela del año), ambas publicadas por Norma, quien editó un libro peculiar, El pan de cada día (1999), que da cuenta de reflexiones breves sobre los temas que han marcado la vida y la obra de esta escritora. También, el Fondo de Cultura Económica publicó El calor de las cosas y otros cuentos (2000). El pan de cada día es un volumen diferente a los que ha realizado en cuanto a la brevedad, pero en cuanto al lenguaje y a sus temas hay una comunión. ¿Necesitaba una revisión breve, pero profunda, de su vida y obra? Son reflexiones sobre las angustias, inquietudes, aflicciones, aciertos y desaciertos de la civilización, bajo la visión de una mujer.
Tiene un carácter confesional, un carácter de registro, y pretende ser una síntesis originada en instantáneas. Además, tiene también su vocación narrativa, ya que para pensar conviene ser narrativo, es decir, tener un sentimiento de la historia.
CLAUDIA POSADAS: Es una especie de diario literario y personal...
NÉLIDA PIÑON: Es mi vida bajo la tutela de la narrativa. No hay una discrepancia entre lo que se escribe y la figura autoral. Es imposible que uno piense que está haciendo confesiones fuera de la narrativa. Más bien, uno piensa como quien sabe que puede escribir y que tiene la tradición de la escritura dentro de su corazón y su mente. Uno es un ser de la escritura todo el tiempo. No hay esquizofrenia entre el escritor y la persona. Uno es un conjunto de circunstancias que lo han llevado a pensar el mundo por la visión de la narrativa, de la historia, del recuento, del registro de la memoria.
Yo soy una memoria y tengo conciencia de ello y por tanto lo que me toca es acumular hechos de la geografía personal.
C. P.: La memoria se ha materializado en sus libros como una especie de análisis de la identidad nacional brasileña, de la historia. ¿Es la narrativa una forma de reflexión?
N. P.: Muchas veces no se habla de la cuestión de la identidad nacional como tal. No es un análisis exhaustivo, más bien éste se encuentra dentro del sistema del idioma, de la gramática, de la creación. Cuando escribo en lengua portuguesa a través de un lenguaje estético, estoy estableciendo opciones todo el tiempo. Mediante dichas opciones, estoy aprehendiendo la realidad, y la realidad que mejor conozco es la brasileña. Entonces estoy siempre mediante la palabra, mediante la invención, hablando de un país visible o invisible, no hace falta que lo alabe todo el tiempo. Aunque por supuesto, en esa realidad brasileña está involucrada mi visión cosmopolita del mundo. Yo soy hija de los griegos, de los romanos, de los europeos, de los celtas, de los ibéricos… yo soy una criatura que, me imagino, se mueve dentro de una serie de capas geológicas. Por tanto, todo lo que Brasil puede ser, dentro de un sistema complejo como yo, está presente.
No me puedo apartar del hecho de ser quien soy: Nélida, brasileña, hija de gallegos, que tuvo una educación que la ha llevado a todos los sitios, que la ha hecho leer, mirar y pensar mucho.
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