Nélida Piñón pasó por Galicia, como casi siempre, con su prisa ordenada, con su agenda repleta, con su acusado sentido de la belleza y con el magisterio permanente de una intelectual esculpida en los materiales del mestizaje cultural. Vino Nélida a presentar A República dos soños, su gran novela, y a lo mejor la novela gallega que llevamos años buscando. Como bien dijo Víctor Freixanes, el editor de la versión en nuestra lengua, Nélida é unha escritora galega. Y si esto es así, su novela, ya en todas las librerías, puede ser, por tanto, la gran fabulación de nuestra literatura, que se construye con algo que tanto ha marcado y explicado el universo galaico: la emigración.
Reconforta y estimula a un gallego volver sobre la peripecia vital del ambicioso Madruga, de la resignada Eulalia o del fantasioso Venancio, que un buen día de los primeros años del siglo pasado dejaron Galicia para intentar los sueños brasileiros. Son esos personajes los que van construyendo el andamiaje de A República dos soños, en donde se entrecruzan fracasos, envidias y éxitos. Y aunque siempre es poco lo que dediquemos a la obra de escritoras como Nélida, lo que más me interesa ahora de ella son los cimientos sobre los que se apoya una atractiva, fecunda y acogedora personalidad. A esa particularidad intransferible que convierte en única la obra de cualquier escritor es a la que conviene acercarse. En el caso de Nélida Piñón, creame, es un caudal singular. No se pueden entender las obras si no se conoce a los autores, y es probable que no haya novelas, sino novelistas, como no hay canciones, sino cantantes que aportan su sello a la interpretación. El narrador, con su forma de ver y contar el mundo, nos ayuda a interpretar y comprender la vida.
LA FUERZA DEL IDIOMA
Tuve la fortuna de compartir cuatro horas de viaje con Nélida Piñón. Su proverbial generosidad me permitió acompañarla en su automóvil desde Rosario a Buenos Aires. En esas cuatro horas pude aproximarme a su personalidad. En algunos aspectos me resultó tan fascinante que decidí ir anotando mentalmente todas las reflexiones. Pensé que a lo peor no volvería a tener la oportunidad de conversar con ella con la intensidad que concede el escaso espacio de un coche. Cuando estábamos en pleno abandono de la ciudad de Rosario, comenzó a referirse a la enorme fuerza y poder que tiene el idioma. Habíamos estado allí en el Congreso de la lengua, y una vez más la palabra se mostró como una de las grandes armas que el ser humano posee, para comunicar, para nombrar, para distinguir, para herir y para amar.
En una ocasión, en la universidad de Miami, una compañera suya, profesora, la estaba escuchando, mientras ejercía su magisterio, y concluyó: ...esto no es la explicación de una lección, es poesía. La fuerza del idioma, que diría Nélida. Su discurso es tan lírico como práctico. Es el discurso de una intelectual, que posee opinión sobre asuntos tan diversos, merced a la curiosidad que le ha permitido vivir en muchos países y hacer amigos en todas partes. Cuando ella se refirió con toda normalidad a la coquetería de Carlos Fuentes, o a las casas de Mario Vargas Llosa, me di cuenta de que era ese ángel, que no todo el mundo tiene, el que le permite entenderse con tantas personas diferentes.
Ese afán por establecer puentes no le ha impedido reflexionar sobre ciertas intolerancias. Con esa suavidad tan suya, en nuestra larga conversación dejó deslizar algunas inquietudes sobre la España actual: ...es curioso, me resulta muy difícil hablar de España con los españoles. Estoy dispuesta a hablar con todo el mundo en cualquier idioma, si yo lo conozco, pero me molestan algunas actitudes... recuerdo a un joven barcelonés que mientras yo me dirigía a él en castellano, él me contestaba en catalán, entonces su abuela lo reprendió y le dijo: bilingüe es aquel que responde en la lengua en que le habló la otra persona.
BRASIL, UN PAÍS POSIBLE
No era necesario escribirlo, pero viene bien para explicar el apasionante Brasil: Nélida Piñón forma parte de una intelectualidad, la brasileña, que es hoy en día uno de los pozos de cultura más atractivos que se pueden conocer. Más allá de los estereotipos que en Europa se forman de aquella verdadera potencia, el país carioca está lleno de un caudal de talentos, que se aprecian en la música, en la novela o en el periodismo. Europa soña con nós. De ese país que fascinó a tantos y tantos gallegos escribió Nélida Piñón en A República dos soños.
Su novela es para algunos el gran relato de la epopeya de la emigración galaica, pero ella quiso también contar Brasil, tanta veces relatado, pero con una voz de alguien que no fuese del país, la voz de un emigrante gallego. El único que puede explicar una tierra tan singular como la brasileña es un ser modesto, un emigrante, un viajero que dejó algún lugar, que llegó a Río o a Bahía con el propósito de ficar poco tiempo. Un ciudadano de otro país que llega a Brasil con la esperanza de ganar dinero y volver a su tierra. Sin embargo, el emigrante está condenado a quedarse, a crear una familia, a construir un país, a levantar América, y a ser enterrado en una tierra donde no nació. Esa es la epopeya de la emigración y ese Brasil es el que disfrutamos a lo largo de una extensa obra, donde el valor de la palabra y la reflexión cierran una joya, que también podemos sentir como nuestra los gallegos de la otra orilla.
Es una novela larga, densa, que conviene leer con detenimiento. Una obra que nos trae de vuelta, de la otra orilla del Atlántico las leyendas que otros nos robaron. Se necesita tiempo para penetrar en esta odisea, pero como dice Xan, quen ten présa non merece escoitar a historia. No se puede tener prisa si quiere uno adentrarse en la obra de Nélida Piñón.
Las creaciones de Nélida sólo se entienden si se conoce su privilegiada trayectoria, su refinamiento, su pasión por el estudio, sus abuelos gallegos, los suspiros de la abuela, el valor de la cocina, la patria de las nostalgias, el amor por la palabra, la historia, siempre la historia. La del siglo IV, la del XII o tal vez el XVI. Son sus siglos. Pero también le interesa el Islam o los amores de Catalina la Grande de Rusia o Bárbara de Braganza, la portuguesa que enamoró a nuestro Fernando VI.
LA SEGUNDA PARTE DE LA VIDA
Sigo recordando ahora nuestro viaje argentino. En el medio del camino paramos a tomar un té y ella compró queso. De cada país me llevo algo para mí y para mis amigos. Le encantan los quesos, y la comida en general, y me cuenta cómo va a organizar la mesa y la cena de nochebuena y la de fin de año. Me resulta difícil imaginarme la nochebuena en el cálido Río de Janeiro. A su casa siempre llega alguien a cenar, Isabel Allende, García Márquez o la divina María Callas, que fue a tomar el té en el hogar de la niña Nélida.
Estábamos llegando a Buenos Aires, ella se quedaría en el aeropuerto de Eceiza, tenía aquel sábado cita para cenar con amigos en Río, y me habló entonces acerca de los hombres de la segunda parte de la vida. Aquellos hombres o mujeres que se pasaron media vida preparándose para triunfar a partir de los cincuenta: Saramago, Roberto Mariño y otros muchos, cuyo discurrir vital bien puede abonar una próxima historia. Pero no se olviden de que no hay que tener prisa, que es bueno cambiar el oro del relato por el oro dinero. Conviene quedarse siempre con el primero, gracias a eso, se puede ser como Nélida Piñón, mujer de muchas épocas, de todos los tiempos, de casi todos los países. Quen ten présa, non merece escoitar a historia..., y para pensar y existir conviene ser dueño del tiempo. Siempre hay una segunda parte de la vida.
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